Soltábamos la mochila de nuevo en Tupiza, junto a unos nuevos compañeros que conocíamos en la frontera y con quien creábamos nuestra pequeña y momentánea casa comunitaria. Esta dio para talleres de artesanía, buenas conversaciones sobre posturas políticas de los países respectivos, risas y guitarreos hasta altas horas de la noche.
De allí el comando siguió el camino hacia Uyuni, la ciudad explotada por y para el turismo. Esta nos oficio las indescriptibles vistas al Salar, de 12 km2 de sal compacta, un ancestral mar que día a día sigue aumentando su producción sin saber como. El salar contiene grandes cantidades de Litio que se aprovechan para incrementar la economía del país, consecuentemente provocando conflicto entre distintas posturas o enfoques políticos.
La ciudad minera de Potosí nos daba la bienvenida con la fiesta de Chutillos, trasportándonos a otros mundos, mezclando la simbología ancestral con un toque bien carnavalesco. Vestimentas de colores, música y danza nos marcaban el paseo por las calles.
De Potosi nos despediamos de los pibes para ir hacia Sucre, pero en breve nos volviamos a reencontrar con ellos en la mágica montaña donde se aloja el pueblito entrañable de Coroico.
La energia del lugar nos atrapo, aunque las reivindicaciones politicas sobre las cocaleras, nos obligaron a marchar del lugar para no quedarnos sitiados durante largo tiempo. Esas lindas montañas escucharon susurrar los corazones...
La energia del lugar nos atrapo, aunque las reivindicaciones politicas sobre las cocaleras, nos obligaron a marchar del lugar para no quedarnos sitiados durante largo tiempo. Esas lindas montañas escucharon susurrar los corazones...
Y a destacar, una emocionante marcha a la que fuimos invitadas por las luchadoras mamitas de la asociacion Bartolina Sisa en reivindicacion al respeto por la Pacha mama. Todos gritando JALLALLA MADRE TIERRA!!!
Asamblea previa a la marcha en la asociacion de las Bartolinas
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